TRUFAS BLANCAS DE JENGIBRE

Ingredientes

  • 1 receta de ganache blanca
  • 1 receta de jengibre confiado
  • El azúcar de confitar el jengibre

El chocolate blanco es de esos ingredientes que aparentan una inocencia que, en realidad, es falsa. No es el único. Por ejemplo el camote o batata naranja, incluso la zanahoria, dulzonas las dos, adquieren otra dimensión cuando se las añaden especias contundentes y variadas, pimienta, comino, clavo, o una mezcla de curry potente y en cantidad. Es como si se les diera un empujón para que abandonen esa ñoñería «fingida».

Al chocolate blanco le pasa lo mismo, exacto. Es dulce, blanco, inocente, pero si se le añade un elemento picante y aromático, como el jengibre confitado, cambia la ingenuidad por la picardía, poseído por una fuerza irresistible, que se notará en la boca. Pruébenlo, es verdad.

Parece extravagante hablar de ingredientes y de cocina con estos términos y paralelismos con actitudes casi humanas, pero a mi me resulta muy «gráfico». Creo que es la mejor forma de explicar lo que les ocurre a ciertos ingredientes, en este caso al chocolate blanco con el picor del jengibre, que es capaz de desenterrar de lo más profundo de este alimento facetas desconocidas. Repito, hay que probarlas, son de un refinamiento fascinante incluso aunque se le añada aún más azúcar. Son trufas muy pequeñas, así que …

 

Trocear las lonchas de jengibre confitado, preparado como indica el enlace o comprado, que no sea en almíbar.

Jengibre confitado en trocitos ya separado del azúcar del confitado, que pica, delicioso.

Una vez preparada y reposada según las instrucciones del enlace la ganache blanca, que no sólo sirve para relleno de bombón, batirla un poco para airearla y que quede un poco esponjosa, añadir el jengibre troceado y revolver de inmediato, para formar las trufas sin espera. La masa de chocolate batida puede endurecerse y habría que calentarla un poco, que es muy incómodo.

Poner el azúcar de jengibre, que ha sobrado de preparar el jengibre confitado, en un plato hondo. Con dos cucharas, formar trufas pequeñas, como una avellana gorda, y pasarlas al plato donde está el azúcar. Envolverlas y depositarlas en una bandeja, separadas unas de otras. Enfriar en el frigorífico y consumir en las siguientes horas o congelar en un envase hermético.

El picor intenso y refrescante del jengibre rompe el dulzor ingenuo y ñoño del chocolate blanco, dándole una vida, una magia increíble, sorprendente.

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